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Antes de escribir una sola escena, cada historia necesita una columna vertebral. En guion esa columna se llama story line: una frase o dos que resumen el núcleo de la historia, su esencia dramática.
Podríamos decir que el story line es al guion lo que un esqueleto al cuerpo: invisible en el resultado final, pero imprescindible para sostenerlo todo.
El story line es una síntesis narrativa que condensa los elementos fundamentales de una historia:
En otras palabras: una miniatura del conflicto central.
Un story line bien construido suele caber en una o dos frases y tiene la claridad de una reseña breve de diario o programa de televisión.
Por ejemplo:
Un joven abogado idealista acepta un trabajo en un prestigioso bufete, sin saber que todos sus clientes son criminales. Cuando descubre la verdad, deberá elegir entre su ambición y su conciencia.
(El abogado del diablo, 1997)
Es quien vive la historia, el punto de vista emocional del espectador. No basta con describirlo (“una mujer”, “un joven”), sino definirlo por su situación inicial o rasgo esencial.
Ejemplo: “Una madre soltera que trabaja como camionera…”
→ Nos da ya un mundo, un tono, un conflicto latente.
El protagonista es importante no solo por lo que hace, sino por lo que le falta o le inquieta: es el punto de partida del deseo o la necesidad.
Toda historia se mueve por una carencia: algo que el protagonista quiere o necesita conseguir.
Esa necesidad puede ser externa (encontrar un tesoro, salvar a alguien) o interna (reconstruir su autoestima, perdonar, aceptar una pérdida).
Ejemplo: “…decide buscar a su hijo desaparecido.”
→ El deseo estructura la acción, pero también revela la emoción.
La necesidad marca la dirección del viaje narrativo.
Ninguna historia existe sin conflicto.
Los obstáculos son las fuerzas que se oponen al deseo del protagonista: personas, instituciones, miedos, limitaciones, el propio entorno o incluso él mismo.
Ejemplo: “…pero deberá enfrentarse a un sistema judicial corrupto y a sus propios prejuicios.”
Sin obstáculos no hay tensión, ni arco, ni transformación.
Cada obstáculo obliga al personaje a cambiar, y ese cambio es el verdadero motor del guion.
El story line suele incluir, aunque sea de forma implícita, el desenlace emocional:
¿el protagonista logra su objetivo? ¿Fracasa? ¿Aprende algo?
Ejemplo: “…hasta comprender que la libertad no estaba fuera, sino dentro de sí misma.”
No se trata de “spoilear” la historia, sino de cerrar el círculo del conflicto: mostrar el sentido o la transformación que deja.
Un story line no es solo un resumen.
Es una herramienta de trabajo:
Muchos guionistas lo reescriben varias veces, afinando la esencia antes de desarrollar la escaleta o el tratamiento.
Si el story line funciona, todo lo demás puede crecer de forma orgánica.
Un buen story line responde a cuatro preguntas esenciales:
Y si puedes responderlas en una o dos frases, ya tienes el corazón del guion.
“Una niña tímida se adentra en un mundo de espíritus para salvar a sus padres y, en el proceso, descubre su propio valor.”
— (El viaje de Chihiro, 2001)